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La plaza del rebusque

  • Foto del escritor: laredaccionnews
    laredaccionnews
  • 4 feb 2021
  • 3 Min. de lectura

El arte de sobrevivir y ser productivos en Cali, sin morir en el intento

Una mujer espera sentada en la plaza

Es un día caluroso como esos que se viven en la sucursal del cielo Y bajo el sol inclemente de medio día, se escuchan sonidos y voces de resistencia a un problema social que cada día está en aumento, el desempleo. Vendedores informales de todo tipo de productos se reúnen alrededor del monumento a Caizedo y Cuero que se levanta como testigo fidedigno de la situación, en medio de la plaza de Cayzedo, en el centro histórico de Cali.


El sonido del trapiche se mezcla con el de los motores de los carros que pasan cerca de la plaza, de él sale ese dulce néctar de caña, el mismo que ha endulzado la historia de esta ciudad, a su lado un hombre sopla sobre un pompero e inunda el lugar de pequeñas burbujas de jabón que lentamente son arrastradas como globos diminutos por el viento.


Un lugar sacado de otro mundo y que parece haber quedado atrapado en el tiempo, una magnifica arquitectura contrasta con un escenario de desigualdad y resistencia donde se lucha por sobrevivir a diario, sin embargo, es admirable la fuerza y determinación con la cual personas de todas las edades se levantan como artistas de la informalidad para llevar el sustento a sus familias, desde vendedores de minutos y bebidas energéticas hasta “emboladores” de zapatos, todos con un solo objetivo: ganarle la guerra al desempleo y la desigualdad social.


Caminar por este sector de la ciudad no solo es encontrarse con la historia, sino también ser testigo de muchas voces, narraciones que se han tejido alrededor de edificios y palmeras que han acompañado durante años el crecimiento de una ciudad alegre y rumbera como Cali, quizá sea esta una de las razones que hace atractivo esta región, esa alegría que caracteriza al caleño, al vallecaucano, donde no importa las situaciones adversas siempre habrá una sonrisa por entregar. Sonrisas como la de Alberto posada un embolador que muestra con orgullo cómo saca brillo a los zapatos de sus clientes, ha hecho esto durante toda su vida él es un artista más de las plaza.


Un hombre cansado descansa sobre su triciclo

Todo este grupo de personas que viven inmersos en la informalidad, se han convertido en objetivo de actividades irregulares como los préstamos ilegales y la prostitución. Con vestidos cortos, algo de maquillaje, sentadas en las bancas, de la plaza permanecen ellas, mirando en todas las direcciones, ofreciendo disimuladamente sus servicios a los hombres que frecuentan el lugar. Mujeres de todas las edades que han convertido la plaza en su lugar de “trabajo” y que poco a poco van desapareciendo en las esquinas con algún hombre que aceptó su oferta, es la cruda realidad de su vida, vender su cuerpo por un poco de dinero, tristemente no hay un control ni una atención real por parte de las autoridades ante esta situación.


Para muchos la informalidad no deja de ser un problema que le da mal aspecto a la ciudad, pero en realidad es un fenómeno social que muestra cómo se hacen procesos de resistencia a problemas reales como la desigualdad social y el desempleo, personas que desde todas las esferas luchan por sobrevivir, y que de una u otra manera enfrentan el abandono y la falta de atención de los gobernantes y el Estado.


fotografía de una joven mujer caminando
Una joven camina sosteniendo un termo con café caliente

Así que mientras no haya una atención real, el sonido de los trapiches, o la ronca voz de las grabaciones de quienes venden frutas o jugos, se seguirá escuchando desde todos los rincones de esta plaza y desde cada calle de esta ciudad, donde seguramente habrá alguien que se dedique al rebusque, que no es más que el arte de sobrevivir y ser productivos sin morir en el intento.


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