La paz huele a pan caliente en La Meseta, Suárez Cauca
- laredaccionnews

- 12 jul 2025
- 3 Min. de lectura

Allá arriba, donde el frío pega y el viento sopla duro, las mujeres de esta vereda se juntaron para aprender a hacer pan, a endulzar con su propia panela y a echarle ganas a la vida. En ese rincón de Suárez, Cauca, la paz no se promete: se amasa, se hornea y se comparte calientica, como la esperanza.
Por: Cristian Velasco
En lo alto de la cordillera occidental, allá donde la niebla se posa como un velo sobre las mañanas, existe un lugar llamado La Meseta, una vereda que, durante años, ha escuchado con demasiada cercanía los sonidos amargos de la guerra. Un rincón apartado, a una hora y cuarenta minutos de la cabecera municipal de Suárez, Cauca, donde el viento silba entre las montañas y parece traer consigo memorias que no se han ido del todo.
Allí, entre cafetales, cañaduzales y caminos de tierra húmeda, vive una comunidad resiliente. Hombres y mujeres que, pese al miedo, eligieron quedarse, resistir, sembrar, criar… y ahora, también, hornear.
Sí, hornear.
Porque en La Meseta la paz ya no se predica: se amasa, se hornea y se sirve caliente. En una formación de 48 horas liderada por el SENA, y con el impulso incansable de la gestora social Francy Luz Sarria, un grupo de mujeres —madres, campesinas, lideresas— se capacitaron en panadería, repostería y contabilidad básica. Aprendieron a encender los hornos y, con ellos, mantener viva la llama de la paz y la esperanza.
Las manos que antes sembraban y recogían, hoy también mezclan harina con sueños, mantequilla con dignidad, levadura con futuro. Y el ingrediente más importante: la panela, esa que se produce en sus propios trapiches, con el esfuerzo del campo y el dulzor de lo propio.
Noraya, Erika, Stella, Liliana, Yaris, Ligia, Yira… sus nombres se dicen en voz alta, como si nombrarlas fuera también invocar la vida. Mujeres que no se dejaron vencer por el miedo. Que, entre masa y risas, entre charlas sobre emprendimiento y recetas heredadas, comenzaron a tejer un nuevo relato para su comunidad.
Uno donde la paz no llega por decreto, sino que se construye en comunidad, con el calor del horno, el trabajo en equipo y la certeza de que merecen algo mejor.
Y todo esto ha sido posible gracias al compromiso decidido de la gestora social Francy Luz Sarria, quien creyó en ellas, gestionó los apoyos, las acompañó paso a paso. Y del alcalde César Lizardo Cerón Galindo, quien brindó el respaldo institucional y los materiales necesarios para que esta historia fuera posible.
En La Meseta, la paz tiene aroma a pan de coco, textura de rosquillas calientes, dulzura de almojábanas hechas con panela. Pero, sobre todo, tiene rostro de mujer.
Porque cuando ellas aprenden, transforman.
Cuando ellas se unen, resisten.
Y cuando ellas hornean, alimentan mucho más que el cuerpo: nutren el alma de un pueblo que se niega a rendirse.
Hoy, en lo más alto de Suárez, el viento ya no trae solo ecos de guerra. También trae el aroma de la esperanza.
Porque allá, en La Meseta,
la paz está saliendo del horno.
Y estas buenas noticias seguirán llegando mientras existan manos que crean, corazones que insistan y personas que construyan desde lo pequeño, desde lo cotidiano, desde lo colectivo. Porque en cada rincón donde alguien cree en la transformación, la esperanza vuelve a encenderse como un horno en la madrugada.









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