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Silencio cómplice

  • Foto del escritor: laredaccionnews
    laredaccionnews
  • 25 may 2021
  • 2 Min. de lectura

Por Cristian Velasco

Las violaciones a los DDHH son recurrentes según ONGS/ Créditos:Casa Fractal, Daniela Gómez y quien corresponda

¡Callen cobardes!, guarden silencio ante la barbarie.


Caminen por la acera, evadiendo los muertos y la sangre derramada en las calles de Cali. No miren a la ladera y mucho menos el distrito de Agua Blanca, porque afea la ciudad, porque allá están los vándalos y ¡qué peligro! No los miren, ignórenlos cómo llevan años haciéndolo. Tampoco miren hacia Buenaventura, ese puerto tan rico pero empobrecido. Porque ustedes “defienden la vida”, ¡es verdad!, pero no las vidas negras, pobres, indígenas, campesinas o ‘maricas’.


“Ciudadanos de bien” de esta ciudad, júntense todos, para que vean sus vergüenzas, reúnanse en un rinconcito, para que contemplen que son minoría, afortunadamente. Crucen la calle solo cuando el semáforo esté en rojo para evitar bloqueos. Tienen todo los medios de comunicación de su parte, el periódico más importante de la región viéndolos, engrandeciendo su “forma de construir democracia y paz” a punta de bala, de fusil y de 25.000 armas más.


Vociferan ustedes de pregonar paz, de abrazar la libertad y la democracia, pero hoy les pregunto, ¿paz para quién? ¿Paz para que ustedes puedan movilizarse por una ciudad rota, y herida de muerte?, ¿libertad para volver a una normalidad que NO ESTÁ BIEN?, ¿democracia? Cuál democracia si acá están matando a los ‘pelaos’ por pensar distinto; los amenazan, los intimidan con 25.000 armas, o los silencian desde camionetas blancas con placas alteradas.


Usted Cali clasista, usted Cali racista e indiferente, usted me avergüenza. Me quedo con esa Cali ‘aletosa’ y cultural, con esa Cali que resiste, con esa Cali, pobre, negra, indígena y marica que lleva casi un mes aguantando las balas y toda una vida resistiendo la violencia que ustedes hoy pretenden ocultar y negar porque la alimentan desde su comodidad.


La mordaza que hoy se ponen ustedes como símbolo de indiferencia, se contrasta con el grito de miles de jóvenes en esta ciudad, que piden ser escuchados; gritos indignados que nos darán libertad.

 
 
 

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