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El café como excusa para volver a creer: un proyecto de la ART que transforma vidas y construye paz en Suárez

  • Foto del escritor: laredaccionnews
    laredaccionnews
  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura


El viernes amaneció distinto en Suárez. No era un día cualquiera. Había en el aire una sensación difícil de nombrar, como si algo pequeño pero profundo estuviera ocurriendo. Y así fue.


Entre abrazos, risas y manos marcadas por la tierra, se cerró el Convenio 1540-2024, un proyecto liderado por la Agencia de Renovación del Territorio (ART) junto al Fondo Colombia en Paz y la Asociación Asomipram. Pero más allá de los números, lo que se vivió fue otra cosa: una escena sencilla que dice mucho sobre lo que significa construir paz en un territorio que ha sabido resistir.


Ahí estaban, acompañando el proceso, nombres que ya son parte de esta historia: Luis Eduardo, Bravo, Luisa Trujillo, y James Lucumí, junto a quienes han sostenido, paso a paso, el trabajo colectivo. También, silenciosos pero firmes, los integrantes de la Mesa PDET, tejiendo acuerdos, insistiendo en que el desarrollo no se quede en el papel.


Los caficultores no hablaban de cifras. Hablaban de cambios. De cómo ahora el café se seca mejor, de cómo el agua se aprovecha, de cómo la finca ya no es solo un lugar de trabajo, sino un proyecto de vida con más dignidad. Noventa y dos familias que durante años han sembrado no solo café, sino también esperanza, hoy ven resultados que se pueden tocar.


En medio del encuentro, alguien dijo que cada módulo instalado, cada análisis de suelo, cada mejora en la producción, era una forma de quedarse. Y quedarse, en estos territorios, también es una forma de paz.


La inversión —más de 2.200 millones de pesos— se traduce en algo más grande que infraestructura: se convierte en confianza. En la certeza de que cuando las instituciones llegan bien, cuando la comunidad participa, cuando el campo se fortalece, la violencia pierde terreno.


Hubo sonrisas que no cabían en las fotos. Hubo silencios que hablaban de todo lo que ha pasado y de lo que no se quiere repetir. Y en medio de todo, la certeza de que la paz no siempre llega con discursos grandes, sino con cosas concretas: un secadero nuevo, un cultivo que mejora, una organización que se fortalece.


Así, sin estridencias, sin titulares ruidosos, en una reunión sencilla de cierre, Suárez volvió a recordarle al país que la paz también se construye desde la tierra. Desde el café. Desde la gente.

 
 
 

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