Diez años después, la voz de Benicio sigue floreciendo
- laredaccionnews

- 11 oct 2025
- 3 Min. de lectura
En medio de la incertidumbre y la violencia que aún golpean al Cauca, Suárez recuerda a un hombre que creyó en la fuerza de la palabra y en la dignidad de su gente.
Cristian Velasco - La RedAcción

Han pasado 3.652 días desde aquel 11 de octubre de 2015. Diez años desde que la violencia silenció a Benicio Flor Belalcázar, pero no su voz, ni su paso firme por los caminos de Suárez. Por las calles, aún se siente su ausencia; en las veredas, aún resuena su nombre. En cada historia contada por los mayores, en cada Junta de Acción Comunal que se reúne bajo un árbol de naranjo o un discreto salón comunal hecho de tablas, su legado se mantiene vivo.
Benicio no fue un político tradicional. Fue un campesino que entendió que gobernar también era caminar. Que los acuerdos se firmaban con la palabra empeñada en los caminos polvorientos, más que con tinta de lapicero en el escritorio. En su corto periodo como alcalde, llegó donde nadie llegaba. Su versión de la administración pública fue una versión humana: social, cercana, sin protocolos ni corbatas. Iba a pie, con las botas cubiertas de barro, pero con el corazón lleno de comunidad.
Desde antes de ocupar el cargo, ya había tejido liderazgos. Participó activamente en los procesos derivados del Acta del 86, impulsó la participación de las Juntas de Acción Comunal y acompañó las exigencias de indemnización para las comunidades afectadas por la represa de La Salvajina. Su liderazgo era incómodo para algunos, pero necesario para muchos. Y en un país donde defender la vida y los derechos aún cuesta la vida, la suya fue apagada a los 53 años por las misma violencia que sigue desangrando a Colombia.
Diez años después, Suárez lo recuerda con gratitud y tristeza, pero también con una certeza profunda: mataron al hombre, no al liderazgo ni sus ideas. Su ejemplo germinó en otros. Jóvenes y adultos que hoy levantan su voz en las veredas, que organizan, que gestionan, que sueñan con un territorio en paz. En cada uno de ellos, Benicio sigue presente, multiplicado en el eco de su lema: “Lo digo con hechos.”
Porque los hechos de su vida superaron las promesas de cualquier campaña. Fueron los hechos de quien dio la cara por su gente, de quien entendió que la política debía tener alma y tierra, manos y mirada.
Hoy, cuando Suárez vive tiempos de incertidumbre, cuando el dolor de la violencia sigue tocando las montañas y los ríos de este territorio, las organizaciones sociales, los procesos de base y las comunidades organizadas siguen resistiendo. Desde las veredas, los barrios y los caminos, hombres y mujeres continúan soñando y trabajando por un territorio productivo, digno y en paz. Siguen caminándose Suárez con la esperanza como bandera, sembrando paz en medio de la adversidad.
Desde La Redacción, espacio que da voz a las voces excluidas, levantamos la memoria de Benicio como símbolo de esperanza y resistencia. Hoy, cuando el miedo intenta callar nuevos liderazgos, recordamos que la memoria también es una forma de lucha.
Dicen que cuando asesinan a un líder social, muere una parte de la esperanza de una comunidad. Pero en Suárez no fue así. La esperanza no murió con Benicio: floreció.
Floreció en los procesos comunitarios, en los niños que vuelven a tocar la tierra sin miedo, en los líderes que siembran paz. Floreció en los sueños que no se apagan, y en ese anhelo colectivo de que algún día este territorio —donde nacen mujeres y hombres dignos como él— pueda vivir en paz.
Hoy Suárez escribe un nuevo capítulo. Y entre sus páginas, en cada letra, sigue viva la voz de Benicio Flor Belalcázar.
Una voz que no se apagó: floreció.



Comentarios